Sin lugar a dudas, las decisiones de los gobernantes no necesariamente son siempre respaldadas del todo por el pueblo, y en ocasiones provocan consecuencias que afectan hasta la tercera y cuarta generación de un país.
La triste historia del embargo de Estados Unidos contra Cuba es una muestra de cómo un conflicto político se puede extender por más de 40 años, e incidir en lo comercial, lo económico y principalmente en la sensible parte humana.
Peor aun, el bloqueo impuesto sobre Cuba desde el 7 de febrero de 1962, convertido en ley en 1992 y 1995, es un pesado lastre que mantiene distanciadas a familias, algunas de las cuales tienen dificultades hasta para comunicarse por vía teléfónica.
No obstante, comienza a vislumbrarse una luz al final del túnel con el giro dado por el presidente Barack Obama, quien dispuso flexibilizar las restricciones, a fin de que los estadounidenses con “familiares cercanos” en la isla, como tíos, primos carnales y segundos, puedan visitarlos en Cuba tantas veces como quieran y quedarse el tiempo que deseen.
Además, los cerca de millón y medio de estadounidenses con parientes en Cuba podrán gastar un máximo de 179 dólares por día y llevar consigo 3,000 dólares para entregárselos a sus familiares, lo que en este momento de crisis económica mundial representa un mensaje de esperanza para una nación que afronta un período de transición, con la salida del poder del comandante Castro.
El hecho de que desde Estados Unidos también puedan llegar remesas a Cuba sin límites de cantidad o frecuencia es otro gran impulso para el sostén de familias con ingresos restringidos.
Las normas publicadas por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos incluyen mejoras en las telecomunicaciones entre cubanos y norteamericanos, y facilidades para que personas vinculadas a la exportación de alimentos y medicinas puedan viajar a Cuba.
Si las autoridades cubanas reclamaban señales de Obama, éstas han sido claras para un acercamiento entre los dos gobiernos, pero sobre todo, concede a los habitantes de la isla antillana la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida.
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