Los pacientes de los hospitales públicos nuevamente serán las víctimas de insatisfacciones y reclamos que, aunque sean justos y pertinentes, no deben causar perjuicio a gente de escasos recursos, ajena por completo a estos conflictos.
Mientras se realizan paros con el objeto de presionar a las las autoridades de salud y al Gobierno para que cedan a exigencias reivindicativas, quienes sufren las consecuencias son personas que viven generalmente en el más absoluto desamparo social y económico.
En otros momentos han sido huelgas médicas y ahora les toca el turno a las enfermeras del Distrito Nacional, que se disponen a paralizar sus labores el lunes próximo en los hospitales del Distrito Nacional.
Ellas demandan un aumento salarial de ciento por ciento y el nombramiento de más de 1,500 enfermeras como parte de un pliego de demandas que podría ser objeto de una discusión con Salud Pública, pero no mediante este tipo de acciones.
Asimismo, piden que se incluya a los gremios de enfermería en la comisión que discute un incremento salarial, por entender que en la forma en que se está manejando beneficiaría solo a un sector de la salud.
En momentos en que las negociaciones con los médicos han vuelto a tomar un giro favorable y con perspectivas que apuntan a una posible solución, tras arduas e infructuosas gestiones, esta huelga de enfermeras resulta a todas luces contraproducente.
Sin justificar el paro en modo alguno, se debe reconocer también el derecho de las enfermeras a que se les tome en cuenta para una mejoría de sus condiciones salariales porque, al igual que los médicos, desde hace tiempo no reciben ningún reajuste que les permita compensar la pérdida de poder adquisitivo.
Sin embargo, la directiva del gremio de enfermería debería desistir del paro y agotar la posibilidad de otro contacto con Salud Pública. Eso es lo sensato y también lo humano para no perjudicar nuevamente a quienes carecen de recursos.
Comentarios (2)
La entidad a cargo que haga su trabajo.