En la República Dominicana se registran situaciones tan increíbles y absurdas que nadie logra encontrarles una explicación, por lo menos en términos racionales.
Por ejemplo, ¿cómo es posible que la tarea de combatir el robo de electricidad no sea eficientemente asumida por algunos organismos oficiales y que sea la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE) la única que en estos momentos muestra preocupación por ese fraude?
El vicepresidente de ese consorcio, Celso Marranzini, ha estado en estos días en procesión, casi implorando asistencia porque prácticamente ha sido dejado solo en ese vital objetivo, como si fuera de su exclusiva responsabilidad.
Como aduce que no recibe el apoyo necesario de la Superintendencia de Electricidad, ha tenido que recurrir a la Procuraduría General de la República, en un esfuerzo dirigido a contar con mejores medios para poner término o cuando menos frenar el hurto de la energía.
Resulta penoso que un organismo de tal naturaleza esté incumpliendo, por dejadez, incompetencia o falta de responsabilidad, con una de sus obligaciones esenciales, ya que como sostiene Marranzini, allí los casos de robo de energía duermen el sueño eterno.
Se trata de una anomalía grave y de consecuencias sumamente trastornadoras, ya que según Marranzini, la CDEEE "deja de recibir millones de pesos por concepto de reclamos contra clientes que se ha demostrado que están conectados de manera irregular del tendido eléctrico".
En el robo de la luz incurren no solo gente pobre, sino también personas e instituciones de poder económico y representa una práctica doblemente fraudulenta, ya que afecta la estabilidad del sistema energético y penaliza a los usuarios que sí pagan por el servicio.
En momentos en que se avecina un aumento en la tarifa energética, en vista de un requerimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI), es intolerable que algunos sectores o grupos sean intocables, a pesar de que cometen el flagrante delito de sustraer energía.
Sería interesante establecer de qué medios se valen para permanecer impunes y quién podrá frenarlos para que no se sigan burlando de la gente seria.
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