Atreinta y siete años de su asesinato, el caso del periodista Gregorio García Castro (Goyito) sigue siendo un crimen sin castigo, envuelto aun en un manto de impunidad que debería ser visto como una afrenta a toda la sociedad.
Su muerte privó al país y principalmente a la comunidad periodística, de una voz crítica que fue silenciada con la violencia de las balas y la cobardía de quienes no podían responder a la contundencia de las palabras.
Al cabo de varias décadas quedó bien en claro que las autoridades de diferentes gobiernos nunca estuvieron verdaderamente interesadas en el esclarecimiento de este horrendo crimen.
Sin embargo, los familiares de Goyito, el Colegio Dominicano de Periodistas y otros sectores sensibles de la sociedad no se han dejado envolver por la dejadez o la inacción que a veces impone el paso del tiempo.
Por eso, en cada aniversario no se cansan de pedir a la Suprema Corte de Justicia que reabra el caso para que los autores materiales e intelectuales puedan recibir su merecido castigo, aunque sea en forma tardía.
El oficial de policía que en su momento fue señalado como el autor material y que incluso habría vuelto a la escena del crimen, ya no podrá ser juzgado porque murió hace algunos años, pero quienes ordenaron matar a Goyito están aun con vida.
El esfuerzo por reabrir este caso no debería ser desestimado, sobre todo porque tenemos el precedente del crimen de Orlando Martínez, en el que finalmente se hizo justicia, aunque los autores intelectuales también lograron burlar la acción de la ley.
Como ha proclamado tantas veces la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en su sempiterna lucha por el esclarecimiento de los crímenes sin castigo de periodistas, cada vez que un comunicador es asesinado se comete un atentado al derecho de los pueblos de recibir y dar informaciones.
Es de esperar, pues, que el caso de Goyito no quede definitivamente sumido en el olvido y la impunidad.
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