En el mercado doméstico del azúcar se está dando una situación que bien podría parecer al de una escasez inducida para aumentar los precios y las ganancias de quienes se dedican a la comercialización del dulce.
La producción azucarera dominicana, de unas 535 mil toneladas de azúcar, es según las proyecciones de autoridades y productores suficiente para abastecer los compromisos externos y la demanda interna.
Pero se le ha agregado un nuevo factor de presión, que es la demanda de Haití, que representa unas 200 mil toneladas adicionales, un volumen para el cual los productores no estaban programados.
Aun así, no parece existir una justificación valedera para que, además de dificultades para su adquisición en algunos lugares, hayan comenzado a registrarse aumentos muy por encima de los precios habituales.
La especulación es una actitud típica o propia de los mercados, más cuando tienen vinculaciones con operaciones bursátiles. Utilizar informaciones o basarse en apreciaciones sobre el comportamiento de precios de determinado bien o servicio, es algo normal en el mercado.
En modo alguno se trata per se de una práctica pecaminosa. Es una actitud innata y un reto que bien puede dar buenos o malos resultados. En una apuesta puede una persona o empresa ganar o perder millones de pesos o dólares, según sea la moneda.
Lo que sí es cuestionable es el agiotismo o especulación basados en acaparar un bien determinado para en una situación de desabastecimiento, aumentar los precios.
Esa situación ha incidido en que los precios internos hayan aumentado, y se habla de escasez supuestamente creada de forma artificial en ciertas demarcaciones. Es natural que con una demanda agregada se produzca cierto desabasto y hasta alzas.
Pero sería criticable que en la situación de carestía y menor flujo del producto al mercado, estuviera presente el fenómeno de acaparamiento.
El Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor, que ha venido jugando un papel decidido a favor del público, tiene con este caso otra oportunidad de emprender una tarea cónsona con su esencia y responsabilidades.
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