El hasta ahora misterioso y todavía no debidamente aclarado “black out” o apagón general que se produjo el pasado miércoles no puede quedar entre brumas, so pena de enviar una mala señal a la opinión pública y a la ciudadanía en general.
Se han ofrecido diferentes explicaciones, todas en un lenguaje técnico que no es comprensible para la generalidad de la población y que, por la forma en que han sido expuestas, resultan confusas, contradictorias y poco convincentes.
Lo importante es que se realice una investigación exhaustiva y que se determinen, con precisión no solo las causas reales sino las responsabilidades, si es que hubo negligencia o un sabotaje, como se ha temido desde el primer momento, dadas las características extrañas en que se produjo la suspensión energética.
Hay quienes han llegado a pensar que si fue deliberadamente provocado -–además de causar un trastorno en la actividad general del país y la consecuente irritación de la población-– la intención es complicar la incipiente gestión del empresario Celso Marranzini al frente de la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE).
Es claro que se trata tan solo de opiniones sobre bases esencialmente especulativas que deberán despejarse si las investigaciones en progreso arrojan luz y no se diluyen, como a veces ocurre con algunos casos. Pero las circunstancias en que se produjo el “black out” dan pie a este tipo de conjeturas.
Marranzini no ha formulado comentario al respecto porque, concentrado en la tremebunda tarea que le ha tocado para comenzar a delinear las bases para una gradual recuperación en un área tan crítica como la energía, al parecer ha preferido que sean los técnicos e investigadores los que se pronuncien al respecto.
La gestión de Marranzini ha creado grandes expectativas hacia un anhelado cambio, sustentado en medidas concretas y no verbalizaciones inútiles en el sector eléctrico, tan zarandeado durante años con propuestas, promesas y pretendidas soluciones que no han pasado de parches episódicos.
Marranzini ha pedido paciencia porque necesita tiempo para lograr mejoras apreciables y en esa crucial tarea, esencialmente gerencial y de mucho tacto, debe recibir amplio respaldo.
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