Los eventos naturales que pueden provocar destrucción y muerte son cada día más frecuentes y a los humanos no nos queda más remedio que prepararnos lo mejor posible para sufrir el menor daño, porque por más que ha avanzado la humanidad, hay suficiente capacidad para destruir la especie humana, pero no para preservarla íntegramente de cataclismos como los terremotos y las grandes inundaciones.
Las personas pueden prepararse con suficiente tiempo para afrontar los efectos de un huracán, que son los más frecuentes y destructores en el país cada año, algo similar se puede decir de los tsunamis, porque invariablemente hay unas horas disponibles para ganar alturas luego de un violento terremoto con epicentro en un océano.
Ante los cada vez más frecuentes sismos en nuestro entorno, una labor que debe emprenderse de inmediato es preparar planes de contingencia y ejercitarse en ellos, para que la gente sepa qué le corresponde hacer si llegare el momento, pues dejarse tomar por el terror no resultará para nada una repuesta eficaz.
En cada lugar público, en cada escuela, hospital, hogar de ancianos, centros de reclusión, edificios, centros de trabajo, presas hidroeléctricas, cercanías de playas, puentes y elevados, torres de alta tensión y otros, no solo debe disponerse de un plan de evacuación en casos de emergencia, sino practicarlos al menos una vez al año para que todos sepan a qué atenerse.
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