Un aspecto importante del mensaje de la Conferencia del Episcopado Dominicano ante la celebración del 166 aniversario de la Independencia es el relativo a la preservación de la vida.
Los obispos dijeron que en el país hay un gran desprecio por la vida, lo que es fácil de demostrar por los crímenes de los sicarios, la violencia del narcotráfico, los accidentes de tránsito y los intercambios de disparos entre policías y perseguidos por acciones criminales.
Ese llamado parece que ha sido escuchado porque los registros de nuevas muertes por enfrentamientos entre patrullas de la Policía y delincuentes han disminuido drásticamente. Eso no quiere decir que policías, incluidos oficiales, no hayan sido asesinados por criminales armados que desafían a la justicia y confían en que pueden evadir una condena.
Tomando las declaraciones del vicepresidente de la República, Rafael Alburquerque, la Policía debe mantener “un combate frontal a la delincuencia”, pero que “se haga respetando siempre los derechos humanos”, pedido al que se ajusta la policía de todos los países democráticos del mundo, incluidos aquellos donde existe la pena de muerte, que tienen que decidirla los tribunales de justicia.
Eso tiene que ser así porque como declarara monseñor Agripino Núñez Collado, entrevistado también sobre este tema, “hay que respetar la vida por sobre todas las cosas” porque lo que corresponde a la Policía es “apresar al delincuente y llevarlo a la justicia”.
Nadie puede pedir a las patrullas de la Policía que se dejen matar en las calles, pero en ocasiones su jefatura ha reconocido que se registran “excesos” donde mueren perseguidos, porque los participantes son separados del cuerpo del orden y enviados a la justicia ordinaria.
Lo que se quiere destacar aquí es que la preocupación de la Iglesia, el trabajo de los medios de comunicación y la actitud de la Policía en las últimas semanas, han demostrado que se puede preservar la vida y hacer cumplir la ley.
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