ebería ser motivo de vergüenza para toda la sociedad que un hogar de acogida donde 30 menores de edad se rehabilitan de la adicción a las drogas, en Guazumal, Tamboril, está a punto de cerrar por falta de fondos para pagar el alquiler de la casa y los servicios más elementales.
La mayoría de los muchachos, con edades entre 10 y 17 años, son estudiantes, incluido uno de ellos matriculado en una universidad.
Este Hogar Crea Menores se estableció en junio de 2008 y quienes lo gestaron obtuvieron la promesa de apoyo de entidades oficiales, autoridades municipales y legisladores. Sin embargo, arrastra deudas y la ayuda brilla por su ausencia.
Todos los días la prensa dominicana reseña los efectos violentos y destructivos que acarrea el consumo y tráfico de drogas en República Dominicana y la permanente condena que a esas prácticas nocivas hace todo el liderato social, político y religioso en todos los escenarios.
Pero cuando niños y adolescentes que cayeron en el vicio encuentran un lugar donde volver a nacer y ese hogar se cierra porque los voluntarios que lo han abierto carecen de dinero para pagar el alquiler, entonces no sería aventurado pensar el peligro de que ellos vuelvan a las calles y caigan nuevamente en los vicios y la delincuencia.
Es necesario que a la par que el Estado fortalece una política represiva de combate al narcotráfico, también disponga de recursos económicos, humanos y logísticos para acoger a quienes voluntariamente deciden rehabilitarse.
Aunque la ley fija un porcentaje de las confiscaciones de bienes del narcotráfico para destinarlo a labores de rehabilitación, en la práctica esos aportes, por la razón que sea, no llegan ni en cantidad ni en el tiempo que se precisan para servir al objetivo de su especialización.
Se necesita, pues, ir en apoyo de ese Hogar Crea Menores de Tamboril y cumplir –a tiempo y en la cantidad suficiente– con los aportes que le corresponden por ley.
Comentarios (0)