La situación de tragedia, luto, inseguridad y angustia permanente en que discurre la vida de los periodistas en México se ha convertido en un drama interminable y desgarrador.
Son 11 los comunicadores desaparecidos en la gran nación azteca desde 1995. Son once investigaciones de las que nada se sabe, en las que no hay respuestas.
Son también 11 familias que han seguido una doble ruta de dolor. El secuestro de profesionales de la prensa se ha incrementado en el país desde 2005.
Sólo en estos últimos cuatro años, 10 periodistas fueron secuestrados, probablemente por motivo de su trabajo profesional. No se tiene más información oficial.
En todos los casos y ante la desaparición de los comunicadores, sus familias han iniciado un amargo recorrido.
Primero buscarlos sin encontrarlos. Recurrir a su trabajo, a las autoridades, a los compañeros, a la paciencia y hacerse fuerte en la esperanza.
Pero “acaban sin respuestas, con miedo y con más dolor”, dice un mensaje que la Sociedad Interamericana de Prensa difunde en su página web para dar a conocer los detalles de un drama que ha estremecido a muchos hogares en México y que puede repetirse en otras latitudes si no se pone freno al narcotráfico y a otros flagelos del tiempo presente.
En ocasiones, los medios de comunicación por un tiempo apoyan económicamente a las familias de sus reporteros desaparecidos.
En muchos otros casos al ser corresponsales o freelancer el apoyo financiero nunca llega.
Cuando ha pasado un año o quizá dos, sin pistas ni hallazgos, sin alguna idea sobre si el periodista está vivo y dónde, lo único que se mantiene es la esperanza de que aparecerá.
Pero legalmente la condición del reportero está en el limbo y, en consecuencia, sus hijos no pueden recibir los beneficios sociales, como el seguro de vida, la pensión o el fondo de vivienda ahorrado en los años de trabajo.
Es una ruta de dolor que subraya lo peligroso que se ha tornado el ejercicio del periodismo en la hermana república de México.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)