El agua es un recurso vital para el desarrollo de las actividades cotidianas en todas las sociedades, no importa que sean ricas o pobres.
Por tanto, los recursos acuíferos deben ser cuidados, a fin de garantizar su permanencia en el tiempo y que éstos puedan satisfacer las necesidades que día a día requieren los seres vivos.
Esta atención y uso racional cobra mayor sentido en períodos en que se avecina una escasez como la anunciada por la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD), que alerta a la población por la temporada que inició el pasado mes de enero y concluye en abril próximo.
Las tuberías rotas y los escapes de agua en las casas tienen que ser corregidas con urgencia, para que la deficiencia no se agudice, sobre todo cuando la CAASD ha dicho que trabaja más de tres mil casos de averías.
Los organismos como el ayuntamiento y otros relacionados como el sector de la construcción deben también aportar a la solución del problema, con la prudencia que exige el momento, por el bienestar de todos.
Cuando disminuye el caudal de los ríos y los embalses no alcanzan los niveles deseados, hay que adoptar cuántas medidas sean necesarias, a fin de evitar consecuencias lamentables para la colectividad.
Una de estas medidas debería ser el incremento de la vigilancia en las cuencas de los ríos, donde muchas veces personas desaprensivas se dan a la tarea de realizar desmontes, en desmedro de los recursos naturales.
Otra iniciativa que las autoridades tienen la responsabilidad de poner en marcha es el lanzamiento de una campaña de concienciación ciudadana en escuelas, clubes y medios de comunicación, porque se trata de un aspecto vital que incide en todos los dominicanos por igual.
Es también un asunto que pone en riesgo la salud de los ciudadanos, que por diversas razones se vería afectada, si tiene que dedicar tiempo en la búsqueda del preciado líquido.
El llamado de la hora es al cuidado y al ahorro, por razones de conciencia, porque el agua es una necesidad básica de todos.
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