Las emboscadas que en ocasiones se tienden a los agentes antinarcóticos cuando acuden a barrios de la capital a desarticular los llamados puntos de drogas constituyen un desafío a la crucial lucha contra el flagelo.
Como es bien sabido, el microtráfico es una fuente de rebatiñas sangrientas y de acciones delictivas de todo género, ya que al pagar en naturaleza, los narcos han convertido muchas barriadas en centros de distribución.
El reciente ataque a tiros de que fue objeto una patrulla de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), tras detener una señora por un caso de drogas en el barrio Capotillo, puso nuevamente de manifiesto los efectos de esta creciente modalidad del crimen organizado.
Debido a este tipo de situaciones, que dan origen a tiroteos en que gente inocente puede resultar herida, el país enfrenta un gran reto en materia de seguridad ciudadana, debido al auge de la delincuencia, que adopta diferentes modalidades para sorprender a sus víctimas.
A pesar de los innegables esfuerzos realizados, entre los que cabe destacar el firme y frontal combate de la Policía al crimen y el narcotráfico, conjuntamente con la Dirección general de Control de Drogas y los organismos castrenses, todavía es mucho lo ques se debe avanzar en este campo.
El proceso de depuración ha sido notable, pero requerirá un mayor fortalecimiento y un seguimiento estricto para evitar la complicidad de los agentes llamados a combatir la criminalidad con los propios grupos que dirigen acciones delictivas.
La lucha contra el narco implica una batalla en extremo riesgosa, pero tiene que ser asumida con coraje y sin desmayo porque está en juego la salud y estabilidad de los dominicanos y de la sociedad en su conjunto.
Es más cómodo y seguro permanecer de brazos cruzados y simplemente contemplar la incidencia de este flagelo como algo indetenible, o claudicar mediante criminales complicidades, pero en ambas situaciones asistiríamos a un incalificable acto de irresponsabilidad.
Comentarios (0)