La muerte del sacerdote jesuita Láutico García constituye una gran pérdida para la sociedad dominicana, urgida de reservas morales que puedan contrarrestar la tendencia a la degradación y el desprecio por valores y principios.
Su vida fue ejemplo de consagración al servicio pastoral para llevar el orientador mensaje de los evangelios con un particular enfoque y sensibilidad hacia pobres y oprimidos.
El padre Láutico cobró notoriedad a raíz de la polémica que sostuvo por radio y televisión con el profesor Juan Bosch en el 1962, en vísperas de las primeras elecciones libres después de la caída de la dictadura trujillista.
Sin embargo, se trató tan solo de un breve episodio que no definiría su obra ni marcaría su parte fundamental, que estuvo dedicada a la feligresía católica que se congregaba en la Parroquia Santísima Trinidad, donde permaneció muchos años como párroco.
Sus restos mortales descansan en el patio del Seminario Manresa Loyola, donde prestó eminentes aportes y era muy querido por su probada vocación de servicio y la forma en que se integraba a la comunidad religiosa.
Su muerte ha dejado un gran vacío en todos aquellos que lo conocieron y apreciaron sus conceptualizaciones filosóficas y teológicas en los medios de comunicación.
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