El doctor Leonardo Matos Berrido ha retrocedido, de forma abusiva y grotesca en el tiempo, al erigirse en tribunal sumario y dictatorial para conculcar la libre expresión y difusión del pensamiento.
La suspensión de Fernando Holguín Ovalles de las narraciones del béisbol invernal por expresiones suyas como locutor deportivo es una decisión ilegal, sumamente odiosa y también peligrosa por el precedente que podría sentar en contra del estado de derecho.
Salvando las diferencias en el tiempo y el espacio, remeda de manera penosa aquellas decisiones draconianas que durante los 12 años del gobierno de Joaquín Balaguer impedían a algunas figuras políticas, entre ellas el doctor José Francisco Peña Gómez, hablar por radio y televisión, porque así se le antojaba a su régimen.
Como sociedad incorporada, la Liga Dominicana de Béisbol, de la cual es presidente Matos Berrido, no es una instancia oficial y aunque lo fuera está obligada a actuar conforme a la Constitución y las leyes adjetivas.
Como profesional de larga data, Matos Berrido sabe muy bien que nuestro ordenamiento jurídico garantiza la libre expresión y difusión del pensamiento sin sujeción a censura previa.
La rápida reacción del colega El Nacional, que ayer editorializó y recogió las opiniones de desaprobación de algunos directores de medios, puso de manifiesto la gravedad de lo acontecido, consecuente con su firme y tradicional papel de defensor de las libertades públicas y los derechos humanos.
En efecto, el caso no puede verse como una cuestión de sanción aislada por pruritos y normas, de particular interpretación, sino como una grosera violación al artículo 49 de la Carta Magna.
En definitiva, Matos Berrido debería darse cuenta que no puede suspender, por vía administrativa y unilateral, un derecho ciudadano constitucional e inalienable.
Cualquier medida de esta naturaleza es nula de pleno derecho y merece la más enérgica condena en una sociedad amante de la libertad y de la democracia.
Ignorarla o minimizar sus consecuencias equivaldría a un craso error, pues de esta forma se abre la posibilidad de reeditar atropellos que solo pueden dimanar de mentalidades totalitarias.
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