La exhortación hecha ayer a la juventud por el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez es un mensaje digno de profunda reflexión y un renovado alerta a toda la sociedad dominicana sobre la incidencia y los peligros de las drogas en nuestro país.
La preocupación del prelado constituye una oportuna advertencia a los padres de familia, a maestros y a orientadores sociales para que refuercen los programas de prevención y sigan de cerca los pasos de sus hijos ante las tentaciones provenientes de ese poderoso mal.
Tal como señalara López Rodríguez, en ocasión del Día de la Juventud, el futuro del país depende en gran medida de que los jóvenes se eduquen y cuenten con una buena orientación, tanto en conocimientos como en pautas morales que les permitan desechar las malas influencias.
El nuevo alerta del cardenal no es nada ocioso, en vista de que las operaciones temerarias y criminales del narcotráfico internacional no cesan sobre la República Dominicana, a pesar de las fuertes y persistentes acciones desplegadas para combatir este terrible flagelo.
Por esa razón, el prelado también lamentó que el creciente poder adquirido por el narco haya logrado de algún modo penetrar instancias como las Fuerzas Armadas y la Justicia.
Aunque Estados Unidos reconoce los esfuerzos que realizan las autoridades dominicanas, es innegable que aun persisten debilidades que debemos corregir para fortalecer ese crucial combate.
Se trata de una batalla en extremo riesgosa, pero tiene que ser asumida con coraje y sin desmayo porque está en juego la salud y la estabilidad de la sociedad, ya que el tráfico y consumo de drogas se mantiene en un constante incremento, con una trastornadora secuela de violencia delictiva.
Es más cómodo y seguro permanecer de brazos cruzados y simplemente contemplar la incidencia de este flagelo como algo indetenible, o claudicar mediante criminales complicidades, pero en ambas situaciones asistiríamos a un incalificable acto de irresponsabilidad.
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