Juventud, divino tesoro, dijo el poeta nicaragüense Rubén Darío, como si quisiera alertar a ese segmento de la población sobre la importancia de cuidar la gracia que la envuelve y de aprovecharla para cultivar los mejores valores que germinen y den el fruto anhelado a su tiempo.
Hoy, gran preocupación embarga a las naciones que ven cómo muchos de sus jóvenes se pierden tras el lucro y el dinero fácil proveniente de las drogas y delitos conexos, que los engaña cual espejismo, pero que lamentablemente los lleva a prisión, en el mejor de los casos, cuando no a la muerte.
El drama vigente envuelve a familias de distintos estratos sociales que lloran y sufren al ver a sus hijos descarriarse por senderos tenebrosos, atraídos por sectores que sólo buscan sacarles provecho para luego abandonarlos a su suerte.
Sin embargo, es bueno saber que hay otros que han escogido el camino de la superación personal, de la preparación en diferentes áreas profesionales, que representan el futuro, no sólo de los suyos, sino también de su comunidad y de su país.
Precisamente, la República Dominicana celebra mañana 31 de enero el Día Nacional de la Juventud, basado en la Ley 20-93, en la cual el legislador tomó en cuenta el Día de San Juan Bosco, llamado “Padre y Maestro de la Juventud”, por su dedicación al rescate de delincuentes en las calles de la Italia del siglo XIX.
En conmemoración de esta fecha, la Secretaría de Estado de la Juventud también premia el esfuerzo y el trabajo de jóvenes que se han destacado por sus valiosos aportes a las mejores causas del país, sin discriminación de sexo, nivel académico o económico, posición ideológica, política o religiosa.
Pero lo más importante y la exigencia del momento es que el Gobierno se embarque en un amplio proyecto de desarrollo educativo y cultural que motive a la juventud a la capacitación continua y la aleje de la delincuencia que afecta a nuestros barrios, ese sería el mayor galardón.
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