Con justificada razón, la sociedad dominicana está alarmada por la forma en que han sido favorecidos por dictámenes judiciales personas vinculadas a hechos sumamente graves, entre los que figura la terrorífica figura del “sicariato”.
Aunque hay que respetar el principio de la presunción de inocencia y el derecho de los magistrados a administrar justicia con arreglo a la ley, llama la atención que se produzcan tales fallos en casos en que los imputados figuran con serios indicios de involucramiento.
Consciente y sensible ante esta situación, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge Subero Isa, presentará al pleno del organismo un proyecto de reglamento para que los jueces tengan una guía para determinar los arraigos de los imputados a la hora de enviarlos a prisión o dejarlos en libertad.
Mientras llega esa normativa, que se espera evite a los jueces ciertas confusiones o falta de clarificación en cuanto a la interpretación del Código Procesal Penal, harían bien en seguir su recomendación de que actúen con suma prudencia al pronunciar decisiones sobre casos graves y de interés social.
En cuanto al llamado “sicariato” y un dictamen objeto de fuertes cuestionamientos en la opinión pública, estamos hablando de situaciones realmente horrendas, porque con un pasmoso carácter sanguinario perpetra asesinatos en serie, dispuestos como ajustes de cuentas por rebatiñas y engaños entre grupos dedicados al tráfico de drogas.
Además de usar el país como puente para el trasiego de estupefacientes, el narco ha provocado otro grave trastorno con el microtráfico en barrios humildes, donde el pago en naturaleza y la lucha por el control de puntos de distribución ha desatado los demonios.
En los frecuentes enfrentamientos con armas de fuego de todo tipo no solo perecen los distribuidores de drogas, sino también gente decente y trabajadora que circunstancialmente se ve en medio del fuego cruzado de un tiroteo entre vándalos.
Si permitimos que el narco siga ganando terreno, la sociedad quedará desprotegida, a merced de sus infernales tentáculos.
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