Mientras avanza la ayuda humanitaria a Haití, luego del devastador terremoto, comienza a tomar fuerza un debate de ideas acerca de las medidas que deberán adoptarse para producir una recuperación sobre bases sostenibles.
Todavía es demasiado lo que hay que hacer en la asistencia de emergencia a personas heridas, hambrientas y carentes de viviendas para enfocarse exclusivamente en esta visión a largo plazo de lo que necesita la empobrecida nación.
Sin embargo, cumple un buen propósito que paralelamente se hayan comenzado a esbozar posibles planes que tienen una inquietud común: que la avalancha de ayuda que ahora llega a Haití no se esfume con el paso de semanas y meses.
Mitigar el hambre y proveer enseres y viviendas provisionales es prioritario en este momento, pero hay consenso en cuanto a que solo un apoyo duradero y bien estructurado permitirá que Haití pueda recuperarse como nación y sentar las bases de un desarrollo sostenido.
Una de las fórmulas a la vista sería condonar la deuda externa de Haití y parcialmente la de República Dominicana, ya que nuestro país podría ser la sede de un programa de inversiones al otro lado de la frontera con los recursos obtenidos de las naciones donantes.
La cumbre que se celebrará esta semana en Santo Domingo ofrece un buen marco para discutir ésta y otras posibles iniciativas, tomando en cuenta que la República Dominicana está llamada a ser el centro para impulsar una solución eficiente a favor de los haitianos.
Estados Unidos, que tiene ya sobre el terreno un importante contingente de soldados, brigadistas y médicos, comparte la idea de que se requiere restaurar la seguridad y el orden y trabajar luego intensamente para crear las condiciones favorables a un despegue económico e institucional en Haití.
En medio de la dramática situación que vive ese pueblo, también se ha renovado el viejo debate sobre el establecimiento de un fideicomiso internacional para la constitución de un estado viable.
Cualquier proyecto deberá, empero, contar con las fuerzas sociales y políticas, en el entendido de que el drama haitiano impone un esfuerzo compartido.
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