La solidaridad internacional se ha dejado sentir una vez más y se ha volcado de manera decidida por una causa justa a favor del pueblo haitiano que requiere en esta hora de dolor del apoyo de las naciones hermanas.
El llamado es a unificar esfuerzos dirigidos a la reconstrucción del devastado Haití, donde se estiman en tres millones los afectados por el terremoto y en decenas de miles los muertos.
Ninguna ayuda podrá considerarse exagerada, debido a las precariedades por las que atraviesa el Estado más pobre del hemisferio.
Cabe resaltar el hecho de que gobierno, empresarios, organizaciones no gubernamentales y religiosas, así como gremios y personalidades de la República Dominicana han tenido la iniciativa de moverse a una acción urgente de auxilio a los vecinos, sin importar el estrato social al que pertenezcan los afectados.
Tras supervisar en Jimaní el centro de operaciones instalado por el Gobierno, el presidente Leonel Fernández se convirtió ayer en el primer mandatario que visita la zona de desastre, donde todavía se camina entre escombros y víctimas.
Fernández sostuvo un importante encuentro con su homólogo haitiano Rene Préval, con quien se comprometió a supervisar las acciones de rescate y la distribución de las ayudas, y que estará en contacto con él todos los días, para hacer acto de presencia cuantas veces sea necesario.
Lo cierto es que cada hora que pasa es decisiva para la recuperación de Haití, por lo cual hay que actuar rápido y de ello está consciente el gobernante dominicano, que así se lo hizo saber no sólo a Préval, sino también al presidente estadounidense Barack Obama, con quien conversó vía telefónica.
La tragedia debe ser vista como una alerta para que la comunidad mundial se convenza de que hay razones más que suficientes para acudir en auxilio de Haití, no sólo para que se levante de esta catástrofe, sino para que cuente con recursos que le permitan salir del marasmo al que ha estado sometido por largos años.
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