Amedida que pasan las horas tras el terremoto que azotó Haití, las imágenes de muerte, destrucción, desaparecidos y damnificados revelan con carácter dramático la magnitud del desastre y del impacto humano.
Gente impotente y desconsolada, en búsqueda desesperada de parientes y amigos, deambulando en medio de ruinas, conforman un cuadro desgarrador, mientras la ayuda internacional comienza a llegar a la devastada capital haitiana.
Con sus principales infraestructuras colapsadas, incluidas las facilidades en su puerto marítimo, Haití atraviesa por uno de los momentos más críticos de su historia, caracterizada por dictaduras e injusticias sociales que mantienen sumida a la mayoría de su población en un estado de extrema pobreza.
Antes de esta destrucción masiva nuestros vecinos necesitaban asistencia continua por sus pronunciadas precariedades, pero ahora el panorama no solo es de urgencia, sino que se impone una colaboración a gran escala y no limitada a un período coyuntural.
Por solidaridad humanitaria y cercanía geográfica, la ayuda de la República Dominicana ha sido la primera en llegar, enfocada principalmente en la búsqueda de sobrevivientes y la atención hospitalaria a los heridos.
Para que la remoción adecuada de los escombros permita recuperar con vida a personas atrapadas se necesitará el envío de brigadas entrenadas y provistas de equipos especiales, pues hasta ahora solo se disponen de palas mecánicas.
En medio de esta situación, hay que destacar la forma decidida y directa con que el presidente Rene Préval y sus colaboradores han asumido sobre el terreno la coordinación de las labores de asistencia a miles de compatriotas afectados por el fenómeno.
En esta tarea, Haití requiere una asistencia sostenida de parte de la comunidad internacional, porque los programas de recuperación tomarán bastante tiempo y demandarán cuantiosos recursos económicos y materiales.
La cuota que tendrá que aportar la República Dominicana es mucho más compleja en cuanto a sus implicaciones, en vista de que desde ya se prevén mayores presiones migratorias ante la falta de viviendas, trabajo y medios de producción en el lado haitiano.
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