El pueblo haitiano, estremecido por una catástrofe de destrucción y muerte a causa del sismo más potente en la historia del Caribe, necesita de la rápida asistencia y solidaridad de la comunidad internacional para recuperarse de esta tragedia.
Como si no fuera suficiente con el largo historial de conflictos y precariedades, muchos de los cuales se han tornado casi insolubles, el país más pobre del hemisferio enfrenta uno de sus momentos más difíciles a causa de este desastre.
El gobierno dominicano fue el primero en anunciar el envío de ayuda, principalmente con perros amaestrados para buscar posibles sobrevivientes bajo los escombros, mientras se espera otro tipo de cooperación con ropa, alimentos, casas de campaña, brigadas médicas y de socorristas.
Este devastador terremoto debería ser una señal de alerta para los dominicanos que, pese a las advertencias que en los últimos años han venido haciendo expertos que estudian los movimientos telúricos, poco o casi nada hacemos en materia de prevención, como si no estuviéramos eventualmente expuestos a sufrir los efectos de un fuerte sismo.
Se ha insistido mucho en la necesidad de aplicar reglamentaciones más estrictas y con especificaciones estructurales antisísmicas en la construcción de edificaciones, principalmente torres y edificios altos, que por cierto están en un proceso de vertiginoso aumento en diferentes zonas de la ciudad, carentes a veces de escaleras de emergencia para facilitar una rápida evacuación.
Mientras aquí vivimos de espaldas al peligro de un terremoto, en Puerto Rico existe una vigilancia permanente para detectar movimientos en el fondo oceánico que puedan ser el preludio de un gran sismo, debido a la constante amenaza de fallas geológicas.
En modo alguno se trata de crear pánico o de vivir bajo un estado de insuperable histeria, sino que conscientes de los peligros, seamos un poco precavidos, como los japoneses, que de tiempo en tiempo ensayan evacuaciones desde las escuelas en la simulación de sismos, para prevenir muertes y heridos cuando ocurre un temblor.
Mientras nos unimos a otras naciones en las labores de socorro en Haití, este percance que sufren en este momento nuestros hermanos haitianos debería llevarnos a reaccionar y no ser indiferentes ante este potencial riesgo.
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