En medio de una situación tan delicada y peligrosa para la seguridad y el combate del crimen como las acciones y amenazas del narcotráfico, es penoso que el caso de Figueroa Agosto tome en algunos aspectos el curso de una suerte de diversión nacional.
Las historias sobre desvaríos sexuales, excesos y episodios borrascosos sobre la vida en el país de este siniestro personaje pueden cautivar el morbo, pero no contribuyen al esclarecimiento de su insólita historia de abierta impunidad y de la protección que gozó y que quizás aún disfruta.
Las investigaciones donde deben concentrarse para llegar a resultados verdaderamente concluyentes, a fin de facilitar sanciones drásticas y ejemplarizadoras, es en las operaciones de narcotráfico y lavado y en la red de conexiones y complicidades con la que contó durante años.
Es ahí donde debe ponerse el esfuerzo mayor para que sean identificados y caigan, sin excepción o exclusiones selectivas, todos y cada uno de sus colaboradores, sin importar las instancias de poder en que se movieron o en que todavía actúan de forma directa o a través de infames connivencias.
En importantes círculos de opinión pública, algunas de las actuaciones de las autoridades en este caso están siendo recibidas con escepticismo, especialmente por la incongruencia de datos y argumentaciones poco convincentes.
Increíbles historias, que parecen extraídas de una novela de pura ficción, rodean muchas de las informaciones que llegan al público, mientras paralelamente crecen los inventos y las especulaciones ante la incredulidad por una avalancha de datos incoherentes, como si fueran piezas faltantes de un enigmático tablero.
Lo que está claro y responsablemente establecido, por conducto de la Embajada de Estados Unidos en el país, es que además de narco, Figueroa Agosto es un hombre peligroso y sanguinario, que asesina con pasmosa facilidad y que se deleita con actos de tortura.
Con tal perfil e historial, dondequiera que se encuentre, hasta la gente que lo protege debería cuidarse para no sumarse a las víctimas de este tenebroso verdugo.
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