Uno de los aspectos más preocupantes del sonado caso del narco Figueroa Agosto es que en lugar de aclararse, tiende a complicarse, mientras una serie de interrogantes siguen sin respuestas.
Todavía en este momento parte de la atención, tanto de las autoridades como de la gente, está concentrada en debatir si el buscado capo fue la persona que en realidad llamó al popular programa El Gobierno de la Mañana, aunque ciertas evidencias y cotejos de voces parecen confirmar la autenticidad.
Sin embargo, nada concluyente se ha podido establecer, por lo menos que sea de conocimiento del público, en torno al paradero de este siniestro personaje, mientras en la imaginería popular crecen versiones y especulaciones, muchas de ellas sin asidero alguno.
Pero anterior a eso, quizás se debería haber conferido mayor interés a explicar de qué medios, favores y vínculos prohijados se valió para haberse paseado durante un buen tiempo como todo un honorable señor por restaurantes y ambientes sociales del país.
Es difícil entender esto, toda vez que Figueroa Agosto es uno de los fugitivos más buscados por los Estados Unidos, ya que en su contra pesa una condena de penas acumuladas que asciende a 209 años.
Ahora todo el mundo habla de él y de sus compinches locales, supuestos o reales, pero ¿quién se ocupó de la actividad y de los vínculos de este hombre, que se movía libremente entre la República Dominicana y Venezuela como si se tratara de una persona honorable que no tuviera cuentas pendientes con la justicia en ninguna parte del planeta?
Se ha llegado al extremo de señalar que detrás de él hay “pejes gordos y tiburones”, pero nadie se atreve a adelantar nombres, lo que matiza el caso con episodios un tanto novelescos.
Sin embargo, ninguna duda existe en cuanto a que Figueroa Agosto no pudo actuar solo y de que contó con áreas de poder en sus operaciones y también probablemente para llegar al lugar desde el cual se oculta y fanfarronea.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)