Pasado el largo feriado de fin de año, es hora de retomar con vigor la jornada laboral, en un 2010 que ha sido declarado por el Ejecutivo como de la reactivación de la economía nacional, luego de enfrentar un período de crisis financiera global.
Es una tarea de todos impulsar la dinámica económica para lograr la reactivación de los sectores productivos y el fortalecimiento como nación ante un mundo cada vez más competitivo.
En consecuencia, la convocatoria hecha por el presidente Leonel Fernández no debe verse sólo como un compromiso del Gobierno o del sector empresarial.
Desde su particular circunstancia, cada ciudadano puede aportar su granito de arena en la construcción de un país mejor.
También es importante tener presente que el esfuerzo no puede ser en vano y que, por tanto, hay que eliminar cualquier tentación o posibilidad inclinada hacia el derroche.
Las finanzas y presupuestos, tanto públicos como privados y familiares, han de manejarse con estricta disciplina y mediante un esquema de prioridades, a fin de que los gastos sean productivos, bien orientados hacia objetivos previamente determinados.
Es necesario ahorrar tiempo, dinero y energía si queremos obtener resultados favorables, con la ayuda adicional de procesos que sean el resultado de la planificación y no improvisaciones, que siempre resultan trastornadoras.
En armonía y unidad se pueden alcanzar metas de progreso y desarrollo, de lo contrario, si los planes oficiales y del sector privado fracasan, habrá desempleo, menos oportunidades, y se alejará la anhelada prosperidad.
Sin renunciar al disenso y a la libre y franca discusión de los grandes temas de la agenda nacional, que son elementos esenciales de la democracia, los diferentes sectores del país deben entender que el tiempo presente demanda menos confrontaciones y mayor unidad de propósitos para enfrentar los desafíos comunes.
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