Transcurrida ya la pausa festiva de las navidades, con su euforia característica, lo que se impone es meditar serenamente sobre los desafíos y las amenazas que se ciernen con mayor dimensión sobre la sociedad dominicana.
Para precisar hacia dónde deben enfocarse las acciones no hay que hacer demasiados esfuerzos porque la incidencia del narcotráfico, con su secuela de violencia delictiva, alcanza ya tal gravedad que es sin duda alguna el tema nacional de mayor urgencia y envergadura.
Los hechos en este campo, que dominaron las primeras páginas de los periódicos y la atención pública una buena parte del 2009 con aspectos tétricos y que por sus facetas inconclusas prosiguen aun en el nuevo año, son muestras contundentes de esta penosa realidad.
Asesinatos, ajustes de cuentas y grandes escándalos de lavado de dinero, así como connivencias y protección de narcos con el involucramiento de oficiales militares y policiales han puesto en cuestionamiento al real avance en la lucha contra el narcotráfico internacional y sus redes locales.
Frente a esta percepción, algunas autoridades y alabarderos de ocasión afirman que los casos que han trascendido y que son objeto de debate en la opinión pública son la mejor demostración de que ahora la lucha es más intensa que en cualquier otra época.
Sin embargo, tan baladí argumento ofende la inteligencia y la capacidad de discernimiento de la población, que tiene en general una idea bastante diferente sobre la magnitud de esta problemática.
Urge una permanente y más efectiva vigilancia para impedir que los narcos logren permear instancias oficiales para materializar sus infames tareas.
Estamos, pues, ante una lucha difícil que no admite tregua ni vacilaciones y que ha de apoyarse en un gran sentido de responsabilidad frente a la sociedad dominicana. Es hora de actuar y de despejar muchas brumas e interrogantes.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)