En la recta final del 2009, nos anima el deseo de que los dominicanos celebren en un ambiente sano la llegada de un nuevo año, el cual sea de dicha y prosperidad para todos.
Pero el principal interés es que estas celebraciones se realicen sin excesos de ningún tipo, que la prudencia se imponga por encima de todas las situaciones, que la gente disfrute en un ambiente de equilibrio, y que luego la gente se prepare para iniciar sus distintas labores, teniendo cada cual un bien definido objetivo de lo que deben ser sus prioridades y obligaciones.
La ciudadanía no solo debe tener en cuenta las directrices que trazan las autoridades correspondientes en cuanto a manejarse con prudencia, por lo tanto, cada individuo debe saber cuándo no debe exponerse a los peligros que acechan a cada momento.
La prudencia debe ser la mejor consejera para conducirnos en cada acto, y más cuando en estos días de juerga hay gente que participa de prolongadas celebraciones.
Esperamos que en este año 2010 que está por iniciar el pueblo dominicano pueda disfrutar de nuevas sendas de progreso y bienestar.
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