Ala luz del saldo de víctimas que siempre se registra, a pesar de los llamados de prudencia y de los controles de las autoridades, es necesario insistir en que la educación vial abarque todo el año y que los programas de prevención sean de carácter permanente, aunque se intensifiquen en los largos feriados.
Con frecuencia inusitada observamos cómo la imprudencia produce muertes, heridas y daños a la propiedad en calles y carreteras dominadas por la temeridad y el exceso de velocidad.
Las distintas instituciones de socorro, incluidas las que tienen que ver con la seguridad interna, deben reforzar la coordinación conjunta.
Pero siempre será el comportamiento comedido por parte de la población el factor crucial para evitar desgracias.
En el recién concluido largo feriado por la celebración de la Navidad, que incluyó del 24 hasta el 27 de diciembre, el luto llegó a 29 hogares dominicanos, porque igual número de personas perdió la vida por causa de accidentes de tránsito y una menor proporción por intoxicación alcohólica.
Nada aporta señalar que la cifra de víctimas mortales se redujo en 11 con relación a las registradas en igual período del año anterior.
Lo ideal sería que ninguna persona falleciera por esos motivos ni por ningún otro que involucrara hechos de violencia.
Respecto a la cantidad de accidentes de tránsito registrados en el feriado de Navidad, que según el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) fueron 302, en 129 casos estuvieron involucradas motocicletas, lo que es un indicativo de la frecuencia con que los conductores de esos aparatos transgreden las señales de tránsito.
Sería un gran logro si en el asueto que inicia mañana jueves y concluye el lunes 4 de enero se reduce al mínimo, por no decir erradicar, la cifra de accidentes en todo el territorio nacional.
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