Los accidentes de tránsito, que ocupan en el país el segundo lugar de causas de muerte, están registrando una incidencia cada vez más preocupante y, como van las cosas, parece que el año terminará con un récord trágico.
Hasta hace poco la mayoría de los fatales accidentes se registraban principalmente en la autopista Duarte, debido, entre otros factores, al gran volumen de vehículos que se desplazan por la más activa vía troncal del país.
Pero últimamente ha comenzado a observarse una tendencia inquietante en otras carreteras. Por ejemplo, la muerte de siete personas en el vuelco de un minibús en la autopista de Samaná marcó otro doloroso episodio en esa vía, donde en los últimos meses se han registrado 16 decesos en accidentes.
Hay vuelcos y colisiones que pueden producirse por causas fortuitas, aunque los conductores manejen con el mayor cuidado, pero la experiencia demuestra que muchos de los accidentes se originan por imprudencias y manejos temerarios.
El exceso de velocidad es un elemento desencadenante de grandes tragedias viales porque en esas condiciones cualquier giro imprevisto, hasta para desechar un hoyo o evitar chocar con otro vehículo puede causar lamentables desgracias.
En el peor de los casos se producen muertes que, además de llevar dolor a sus familiares, colocan muchas veces en un estado de indefensión a niños que quedan sumidos en la orfandad, sin el apoyo material y afectivo de un padre o de una madre.
La tragedia personal no se limita únicamente a las víctimas fatales. También quedan atrapados en un drama desgarrador los sobrevivientes que sufren lesiones permanentes y se ven limitados para realizar labores productivas.
Por todas estas frustratorias implicaciones es necesario aplicar con mayor rigor la supervisión sobre el estado mecánico y de seguridad de los vehículos y vigilar más para que se controlen los excesos de velocidad.
Aunque estas medidas no son simpáticas y generan reacciones de incomodidad, son necesarias para preservar vidas y prevenir accidentes, a la vez que benefician por igual hasta los propios inconformes.
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