En una sociedad que necesita buenos paradigmas para contrarrestar la maledicencia y los vicios que nos degradan como sociedad, la falta de personas que han hecho valiosos aportes para fortalecer valores y principios constituye una pérdida sensible.
El apego fiel a postulados que de ser asumidos como norma de vida nos elevan y fortalecen para rechazar influencias perniciosas es el mejor método para prevenir esos males y combatirlos de forma permanente y con eficacia.
De ahí el sentimiento de pesar que ayer embargó a un círculo de distinguidas familias al conocerse la muerte de Luis Alejandro Canela Jiménez, quien tanto en su vida pública como privada dio un gran ejemplo de honestidad personal.
Correcto y caballeroso a carta cabal, fue un hombre de familia que siempre se esforzó por proteger a todos sus parientes, especialmente a sus nietos en esta etapa de la vida en que predominan tantos peligros y desafíos.
En su condición de hermano mayor de su familia fue un ejemplo de trabajo, de dignidad y de cultura que actuó con amor y dedicación como un segundo padre cuando las circunstancias así lo ameritaron.
Como gran deportista amante del golf cultivó muchas amistades en el Country Club, entidad de la cual fue administrador y tesorero.
En el ámbito académico también realizó aportes como profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la cual ayudó a fundar luego de graduarse en la Escuela de Peritos Contadores.
En sus años de mayor plenitud intelectual se distinguió también en el servicio público con un nivel de reconocida seriedad desde la gerencia del Banco Central y del Banco de los Trabajadores, del cual también fue uno de sus fundadores.
Nuestras condolencias a su esposa Graciela Bueno de Canela, su compañera durante 59 años, y a sus hijos Luis Alejandro, Elsa Josefina y Roberto, Ricardo Aquiles y Marta Cecilia y a todos sus nietos.
Esta familia y la sociedad dominicana han perdido a una persona valiosa, pero su trayectoria y su ejemplo perdurarán. Paz a sus restos.
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