En las últimas semanas se han percibido algunas señales que apuntan hacia la posibilidad de una reorientación en el enfoque de la economía pública, a los fines de lograr el impulso que se reclama, principalmente desde el sector productivo y empresarial del país.
El programa económico que se aplica desde la esfera gubernamental tiene sus diferencias y su propia naturaleza y características con respecto al del sector privado, pero es indudable que la primera influye poderosamente sobre esta última.
Tras planteamientos formulados por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), el presidente Leonel Fernández se ha mostrado favorable a un cambio en el esquema que se aplica actualmente y dispuso preparar un estudio al respecto.
En algunos foros donde ha expuesto, como por ejemplo en el almuerzo de la Cámara Americana de Comercio, pronunciamientos de Rafael Camilo han sido vistos como “señales” del rumbo que tendrá la política económica.
Dos recientes intervenciones del funcionario parecen presentarlo como el “mensajero” de la política económica o de las iniciativas en ese campo de la agenda del Gobierno.
Su idea, expuesta con claridad y precisión, es que la fórmula debe basarse en dedicar más recursos al gasto público para hacer inversiones en infraestructuras, como son la construcción de carreteras, caminos vecinales, acueductos, presas y todo lo que tienda a impactar positivamente la producción.
Desde el 2004, Camilo ha sido parte importante del equipo económico del Gobierno. Primero como superintendente de Bancos y miembro de la Junta Monetaria y en los últimos meses como director general de Aduanas.
Independientemente de sus cargos o posiciones, Camilo, un sociólogo con un doctorado en economía, ha tenido un papel protagónico en definir y defender la política económica del Gobierno.
Hay que aspirar a que, fuera de teorías y de elucubraciones, se puedan articular cambios favorables para dinamizar la economía y a través de ellos forjar mejores expectativas de vida para todos los dominicanos.
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