Es una lástima que la posibilidad de un diálogo que ponga término al conflicto con los médicos haya quedado descartada por el momento, debido a un penoso espectáculo protagonizado ayer en un centro hospitalario.
La agresión de que fue objeto el director del hospital Francisco Moscoso Puello, doctor Roberto Lafontaine, junto a otros colegas, es un episodio vergonzoso y una afrenta a quienes en esta sociedad se esfuerzan por una convivencia civilizada.
El gran pecado de esos médicos y por el cual fueron golpeados, es que se dedicaban a atender a pacientes pobres, mientras otros galenos permanecían indiferentes ante la suerte de estos seres humanos, porque están concentrados en una huelga en demanda de aumento salarial.
Este incidente ha causado tal indignación que con justificada razón, monseñor Agripino Núñez Collado ha dicho que no es posible dialogar en esas condiciones.
Aun así, es de esperar que se intenten nuevas fórmulas de avenencia para que termine esta pesadilla por la que pasan los pacientes de escasos recursos económicos.
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