La libertad de prensa y de expresión y difusión del pensamiento están hoy paradójicamente amenazadas por varios gobiernos del hemisferio que llegaron al poder a través del voto popular y con el compromiso de defender las libertades públicas y los derechos ciudadanos, que tienen precisamente su fundamento en el ejercicio pleno de esas esenciales prerrogativas.
La situación no es nueva, ya que se había puesto en evidencia a través de varias iniciativas que pretenden ser presentadas como justicieras conquistas legales, pero su peligrosidad y carácter grotesco fueron subrayadas con claridad meridiana en Buenos Aires, Argentina, en la 65ª Asamblea Anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Gran parte de los debates giraron en torno a cómo el poder de los Kirchner se ha vuelto una seria amenaza para el periodismo libre en Argentina con una ley de medios audiovisuales que atenta contra las organizaciones periodísticas independientes.
Los principales periódicos argentinos, Clarín y La Prensa, están sometidos a un acoso permanente, ahora por medio de bloqueos protagonizados por grupos sindicales afines al gobierno, mientras en las avenidas de Buenos Aires se exhibían letreros lumínicos con la ofensiva y hostil consigna: “Un zapatazo a la SIP”.
En Ecuador, el presidente Correa se ha convertido en un acérrimo enemigo de la prensa, a la que frecuentemente se refiere con denuestos, mientras impulsa una monstruosa y sin precedente ley para condicionar la operación de los periódicos a una ley que obligaría a obtener una licencia que podría ser revocada por las autoridades.
Replicando prácticas contrarias al libre juego de las ideas que se han manifestado con mayor crudeza y de forma sistemática en el régimen del presidente Hugo Chávez en Venezuela, en Nicaragua, Brasil y otras naciones del continente, medios y periodistas están sometidos a tensiones, amenazas y mecanismos de censura y autocensura.
En consecuencia, una vez más es imperativo plantear, pero no solo de palabra, sino con acciones concretas, el lema tantas veces invocado en la SIP, de que el precio de la libertad es la eterna vigilancia.
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