Al arribar en nuestros 165 años de vida republicana a un aniversario más de la primera Constitución, el país se encuentra a la expectativa de lo que será la puesta en vigencia de la nueva Carta Magna aprobada recientemente por la Asamblea Revisora, que introdujo cambios en aspectos vitales para el desarrollo de la nación.
Este ejercicio puso en evidencia una vez más el avance que hemos obtenido en nuestra democracia, ya que el documento sancionado fue el resultado de amplios debates en los que participaron representantes de los diversos sectores de la sociedad.
Sin embargo, como era de esperarse, no todos quedaron complacidos con el texto final, debido a que entienden que de alguna manera sus intereses particulares se ven afectados con las modificaciones aplicadas, en las que influyeron de manera decisiva las principales fuerzas políticas del país.
No obstante, en cada paso que da el país en el devenir de su historia, de algún modo se logra una actualización acorde con el discurrir de la aldea global en que vivimos, la cual nos obliga a realizar ciertos ajustes, porque de lo contrario podríamos quedarnos y el tiempo nos pasaría factura.
Hay que reconocer que la nueva Carta Sustantiva ha dado al Congreso mayores atribuciones y potestades que las anteriores, y por el contrario el Poder Ejecutivo recibió algunas limitaciones o, quizás más propiamente, normativas que pueden fortalecer la institucionalidad.
El seguimiento a la conducta del Presidente de la República y a los miembros de su gabinete, que podrían ser interpelados por los legisladores, es una señal positiva hacia la transparencia y el combate a la corrupción en la administración pública.
Asimismo, el pueblo dominicano fue tomado en cuenta para que las futuras reformas constitucionales sean aprobadas por un referendo dirigido y organizado por la Junta Central Electoral, lo cual abre las puertas para un mayor consenso.
Otros aspectos no menos relevantes de la nueva Constitución representan garantías importantes de protección y participación de la sociedad, lo cual debe ser valorado y defendido, a fin de que no se vuelva a escuchar la frase de que “es un pedazo de papel”.
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