Nuevas perspectivas de gran importancia se abren para la República Dominicana ante el establecimiento de vínculos económicos cada vez más estrechos con Venezuela, que ha dado un tratamiento favorable y solidario al país en varios campos.
A pesar de críticas y aprensiones -siempre surgen inevitablemente con argumentos o sin ellos- es ya un hecho que el Estado dominicano tiene un nuevo socio en la propiedad de la Refinería Dominicana de Petróleo, la empresa más importante del país, medida por su nivel de ventas.
Luego de un proceso en que los datos fueron fluyendo de forma fragmentaria, el Estado finalmente concluyó la negociación mediante la cual traspasa o vende el 49% de las acciones de la Refinería a la empresa estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) por un monto de 131.5 millones de dólares.
La venta se produce a pocos meses del Gobierno haberle comprado por US$110 millones las acciones de la multinacional Shell Company, que equivalían al 50% del capital de la Refinería.
Por lo visto, el final será que siempre el Estado tenga un socio extranjero y con carácter multinacional, en la propiedad de la Refinería.
Los últimos tiempos de la sociedad Estado dominicano-Shell fueron de conflictos, porque alegadamente el papel del socio oficial en la administración y operación de la empresa era muy limitado, casi decorativo, aun cuando se trata de una empresa productora e importadora de un elemento como los combustibles, estratégico y ofrecido en condiciones de monopolio.
Ahora la vinculación será con otro socio extranjero, tan poderoso o quizás más que el anterior, en términos económicos, y hasta políticos.
Es de esperarse que la nueva sociedad redunde y se ejerza en un ambiente de cordialidad, que permita incluso hacer las inversiones y ampliaciones que necesita la Refinería, que por falta de expansión se ha convertido más que una procesadora de petróleo, en una importadora de combustibles procesados.
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