La crisis institucional que vive la hermana república de Honduras parece insoluble y no solo en cuanto al frustrado intento de reinstalar en el poder al derrocado presidente José Manuel Zelaya.
Pese a la firme actitud de condena de parte de la OEA y de muchos de los países latinoamericanos, los golpistas se han afianzado en su mandato de facto y siguen atropellando al pueblo.
Como ocurre con todas las dictaduras, y el régimen de fuerza que encabeza Roberto Micheletti no puede ser calificado de otra forma, los medios de comunicación independientes han figurado entre las principales víctimas del autoritarismo apoyado en la fuerza militar.
Hay que destacar el papel incansable de mediación jugado por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza y el presidente costarricense Oscar Arias, quien entregó ayer una nueva propuesta para resolver el conflicto hondureño a las delegaciones confrontadas que insisten en el retorno de Zelaya.
Las partes han cedido en ciertos puntos, pero no en las cuestiones fundamentales, como el regreso de Zelaya, a lo que se opone tajantemente un hombre que en las postrimerías de su existencia llegó forzosamente a la presidencia mancillando la democracia hondureña.
Arias dijo que ahora los sectores confrontados deben decidir si lo han de firmar, aunque también pueden acudir a la Organización de Estados Americanos o a algún otro foro de diálogo.
El plan reiteró los temas de un gobierno de unidad y reconciliación nacional, el de una amnistía para los delitos políticos, la renuncia a una convocatoria a asamblea constituyente, el adelanto de las elecciones, el traspaso de las fuerzas armadas al Tribunal Supremo Electoral un mes antes de las elecciones.
Tal como señalara el Premio Nobel de la Paz, el tiempo apremia, se nos va de las manos y cae sobre las espaldas de un pueblo que clama por tranquilidad.
Aclaró que “el documento recoge tanto los puntos del primer plan, como otros sugeridos por el canciller del gobierno de facto, Carlos López, así como sugerencias de muchos hondureños a los cuales consultamos”, para añadir que si las delegaciones están de acuerdo, lo podrían firmar inmediatamente.
Es sumamente triste y frustratorio esta vuelta a un pasado ominoso de gorilas militares pisoteando la libertad y la democracia, ahora asociados con estos tránsfugas del fracaso político.
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