Negarle a Michael Jordan el puesto cimero dentro de los mejores expositores en el maravilloso mundo de la NBA es como decir que el Guasón nunca usó un disfraz, parafraseando a Ricardo Arjona.
Y es tan o más injusto echar por la borda las enormes contribuciones de otros al compendio histórico del mejor baloncesto del mundo.
Cada deporte tiene sus años de luz y sombra, pero en el caso del baloncesto hay épocas de calidad en las que no está el que se llamó “El Aéreo”, quien, reitero, es el dueño de la obra cumbre.
Wilt Chamberlain, Bill Russell, Oscar Robertson, Kareem Abdul Jabbar, Magic Johnson y Larry Bird, entre otros que antecedieron a Jordan, poseen méritos que no pueden soslayarse bajo ninguna razón o motivo.
Las franquicias pesan mucho en la NBA. Hablar de los Lakers o los Celtics es referirse a palabras mayores, a catedrales que son clase aparte en una disciplina marcada por verde y blanco, amarillo y morado a lo largo y ancho de su registro.
Aunque llame a sorpresa, en la NBA no hay un número retirado como sucede en las Grandes Ligas con Jackie Robinson. Vale aclarar que el mérito de Robinson trasciende lo deportivo al romper la barrera racial, pero a la vez es un ejemplo claro de que los méritos de Michael Jordan dirigen la orquesta mas no suena la música sin los demás miembros de la banda.
Ojalá y el nuevo debate desatado por la opinión de Scottie Pippen sobre LeBron James y las posibilidades de ser mejor que Jordan permitan arrojar luz sobre las páginas doradas de la NBA y se aclaren un montón de cosas, porque por ejemplo el número 23 nunca ganó solo. Eso es poco probable, por no decir imposible.
Nadie gana sin respaldo en el baloncesto.
Apunte esto. Creo, convicto y confeso, que los enllaves se aconsejan personalmente. Vale mucho ese detalle de corregirte cara a cara o con una llamadita en la que prevalece el tono de la buena intención. ¿Se entiende eso Héctor J. Cruz?
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