Manny Ramírez se fue y no le dio tiempo a decir adiós.
Su carrera comenzó con brillo y terminó en la sombra. En estos momentos, sus números no son más que el blanco perfecto de todo tipo de dudas mientras sus posibilidades de ingresar al Salón de la Fama se reducen al término mínimo y cuidado si la generosidad me invade.
Las razones por las que volvió a dar positivo a esteroides solo las conoce el propio Ramírez. Pero eso importará poco cuando llegue el escrutinio público.
Su paso por las Grandes Ligas está marcado con la letra escarlata.
Por algún lado leí que el ser humano es tan bueno como lo último que hace.
En otro lugar dicen que en la despedida hay que ser tan cuidadoso como en la llegada.
República Dominicana tiene al menos por ahora un inmortal menos. Qué dolor, qué pena.
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