Si alguien está asesorando a Neftalí Féliz para que desista de ser abridor con Texas en la venidera temporada de Grandes Ligas, no lo está haciendo de la mejor manera.
Está claro que el joven de Azua está en un tremendo conflicto interno en cuanto a si se mantiene como cerrador o se atreve a iniciar partidos. Antes de partir a los entrenamientos, Féliz estaba entusiasmado con su proyecto de comenzar partidos para los Vigilantes.
Fueron muchas las declaraciones que dio el muchacho de 22 años con una ilusión a flor de piel sobre volver a sus orígenes en las Ligas Menores, donde fue abridor en la organización de los Bravos de Atlanta.
De repente, hace pocos días, dice que conoce el rol de cerrador y que prefiere quedarse para el final del partido, aunque sin dejar de reconocer que podría suplir la necesidad real de Texas de un brazo con calidad y potencia para comenzar los choques de la venidera estación.
Al consejero de Féliz le digo que esa ambivalencia no es nada buena. Porque si Texas pensó en él para un nuevo papel, tiene mucho que ver el hecho de que lo deseaba durante la temporada muerta.
Ya lo dijo el dirigente Ron Washington, “en toda misión que se quiera lograr, hay que tener el corazón en eso”. En pocas palabras, le dejó dicho que aclare su mente y piense bien lo que pretende ser.
Neftalí cuenta con las condiciones para ser un abridor. Recta de fuego, una de dos costuras, slider y cambio. No necesariamente eso es garantía de éxito porque entran en juego otros factores, como estudiar la oposición y saber administrarse para nombrar algunos.
Pero que nadie crea que los millones como cerrador aparecen así por así como tampoco la preservación del brazo es segura porque solo se lance una entrada por juego. Ahora bien, el que gana 15 juegos o es dominante como abridor en las Grandes Ligas tiene un puesto seguro en la danza de los millones.
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