Miguel Cabrera le tomó prestadas las letras a Kalimba y “tocó fondo” con sus problemas del alcohol. Es lamentable, pero el venezolano tiene un fuerte problema que necesita un tratamiento urgente.
Por eso veo bien que los Tigres de Detroit no lo acepten en su entrenamiento primaveral hasta que un grupo de especialistas lo evalúe y le dicten los pasos a seguir luego de un incidente que el término “bochornoso” le queda corto.
Cabrera, tan buen bateador como Albert Pujols en las Grandes Ligas, recibe protección de su organización, que claramente está al tanto de su inversión por ocho temporadas y 152 millones de dólares.
Que se reporte a practicar ahora es tirarlo a la jaula de los leones: la prensa lo espera por hora, el caso con la justicia está pendiente, las heridas de su incidente bien frescas como para concentrarse en béisbol, en fin, más trauma que soluciones.
El joven de apenas 27 años (cumplirá 28 en abril) debe reencontrarse y darle prioridad a las cosas importantes en su vida. Sería una pena que en poco tiempo se tenga que hablar de lo que pudo haber sido Miguel Cabrera en vez de que hagan falta cientos de páginas para escribir lo que fue Miguel Cabrera.
Espero que en esta ocasión no se hable de un “tengo tanto tiempo sin beber, ya no bebo, llevo muchos meses sobrio”, porque el asunto no es que se ingiera la bebida de su preferencia, sino que el atleta se corra y no pueda vivir sin el etílico en sus venas.
La solución la tiene el propio Cabrera, quien es el único que puede controlar los demonios que le invaden. Por el momento, sirve de espejo para generaciones y es un encomendado en muchas oraciones para que su carrera no se destruya.
Adiós a Disla. Falleció la pasada semana Tony Disla, un enamorado del baloncesto hasta sus últimos días.
Lo recuerdo como un trabajador incansable en ese vasto mundo de las categorías menores, donde nunca es ni será fácil “guayar la yuca”. Paz a los restos de un ser humano que luchó por su deporte tanto como el que más.
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