Si de algo pueden estar seguros los jugadores de los Mets de Nueva York, es que la pachanga se terminó.
No hay que ser alumno de Sigmund Freud para determinar que el orden no era el primer punto de agenda en el conjunto en los últimos años como tampoco se ha visto un equipo cohesionado y en dirección a una meta única.
El año pasado hubo jugadores que no fueron a una jornada caritativa del equipo en el hospital Walter Reed en Washington, algo inexplicable en el ambiente profesional y de tantos millones como el de las Mayores.
Fuera de eso, el que observó partidos de la novena en 2010 nunca vio a un conjunto con el temple para dejar todo en el terreno. No debe ser tarea difícil inferir que hacen falta peloteros con sangre en esa novena.
Para esos males, los propietarios buscaron a Sandy Alderson para gerente general y a Terry Collins como dirigente. Ambos son conocidos como disciplinarios, “guardias viejos” que no aceptan excusas baratas ni entregas “a medio tiempo”.
No me sorprende que boten unos cuantos en el entrenamiento primaveral. Es un secreto a voces que Luis Castillo y Oliver Pérez “tienen el agua puesta” y son candidatos a cesanteo si no responden a las expectativas.
Alderson ya le dejó saber a José Reyes que no tiene intenciones de negociar contrato por ahora mientras evalúa personalidades y actitudes en la cueva de un club de nómina costosa, pero de pobres resultados.
El nuevo gerente, otrora integrante de la infantería de marina de los Estados Unidos de Norteamérica, conoce al “cojo sentado y al ciego durmiendo”. El mensaje está más que claro: “Se acabó la ñoñería”.
Apunte esto. Dwyane Wade encestó anoche 31 puntos en la primera mitad del partido de Miami contra Indiana…Es un abusador el hombre…Atención Rolando Guante: los Mets firmaron a Jason Isringhausen, quien vuelve a su equipo original, en otra prueba más de que el retiro en un 99.9 por ciento se hace cuando es obligatorio…
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