Vladimir Guerrero no está obligado a firmar por una bagatela para la venidera temporada de Grandes Ligas.
Su caso es totalmente diferente al de Manny Ramírez, porque lo último que se vio del hombre de las trenzas en las Mayores fueron números poco agradables con las lesiones como fieles acompañantes.
Pero Guerrero puede exigir más de ahí. Si lo que Baltimore tiene en carpeta para Guerrero son dos millones de dólares, no creo que tenga éxito. Vladimir vale entre cinco y ocho millones de dólares por un año.
Viene de una temporada de 29 cuadrangulares y 115 impulsadas con el Texas que llegó a la Serie Mundial. También se ganó el premio al Regreso del Año.
Ofrecerle esa cantidad al nativo de Don Gregorio, Baní, raya en el insulto. Por demás, no es un pelotero conflictivo que sí puede hacer gala de una carrera que a un servidor no le cabe duda que le tiene hoy día en el Salón de la Fama de Cooperstown.
Vladimir debe firmar donde le garanticen tiempo de juego. Su meta es fortalecer sus estadísticas para que sean números redondos. Necesita de 64 jonrones para los 500, de 67 remolcadas para las 1,500 y de 53 dobles para los 500. Además con 73 imparables llegará a los 2,500.
Es una gran hoja de vida como pelotero la que construye. Eso tiene su precio.
Orgulloso por “Quique”. Enrique Rojas es uno de los nuestros que brilla en los Estados Unidos fruto de su perseverancia y calidad como periodista deportivo.
Más que el sexto lugar dentro de los cronistas de béisbol (que es mucho), celebro por ese gran ser humano que es Enrique, quien en 2005 salió a la conquista de sus sueños y hoy los exhibe como logros.
Vota para los premios de las Grandes Ligas. Peloteros, agentes y ejecutivos lo tratan con respeto. Le llegará el día, Dios mediante, de sufragar para el Salón de la Fama.
Y es dominicano. Un gran dominicano que anda como los hijos de la mar: libre de equipaje.
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