Al parecer, los Yankees están cediendo varios ápices en lo que hasta el momento ha sido una obstinación de su mando: pensar que Joba Chamberlain es un abridor y no el hombre del octavo episodio.
Si nos vamos a los números, en 50 juegos en relevo presenta un promedio de carreras limpias de 1.50 en 43 como abridor una de 4.18. Y por ahí nos vamos hasta llegar a los ponches por bases por bolas. Un total de 206 ponches con 101 bases por bolas en 221 entradas y dos tercios como abridor ofrece una relación en nada imponente.
Si lo que se pensó es que Joba sería dominante, superbo, en ese rol de abrir partidos, pues las cosas no han resultado de esa manera.
Como apagafuegos, ya sea en el séptimo o preparando mesa en el noveno, el derecho de antepasados aborígenes en Lincoln, Nebraska, tiene 79 abanicados y 20 caminados en 60 innings es casi el doble de la relación anterior y ahí sí que se encumbra.
Caemos en ese punto que nos recuerda que una cosa es ser efectivo y la otra eficaz.
Joba se basa en bola rápida y slider, un repertorio explosivo al que se le saca todo el beneficio posible en la menor exposición posible. Para mantenerse con vida hasta un quinto o sexto episodios, la inventiva juega un papel estelar.
Chamberlain es todo un matador. Entra con vigor a fulminar al que se encuentre en su camino. El dirigente Joe Girardi ha tratado de explicarle eso a los hijos de George Steinbrenner, pero no ha sido hasta ahora, luego de varias temporadas cuidando ese brazo como los países sus fronteras, cuando piensan dar su brazo a torcer.
El que debe relevar es Joba, no Phil Hughes, cuya variedad de lanzamientos es más amplia.
Apunte esto. Cuidado si los Mavericks de Dallas les cuelan el café a los Lakers…El equipo que juega duro contra ellos, tiene una ventaja…Rudo golpe contra Minnesota la lesión de Joe Nathan…Para ser feliz, hay que aprender a no hablar donde no te quieren escuchar.
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