Si este no es el momento para que la crónica deportiva se deje sentir, aunque sea con señales de humo, para reflejar el abuso al que somos sometidos, entonces no sé cuál será.
Y a lo mejor quien suscribe no tiene problemas con subir las escaleras para cumplir con sus funciones en el llamado palco de prensa, pero sí me invade la impotencia al tener que observar a muchos colegas que lo hacen por el imperativo que manda “lenteja”, esa sentencia que te dice “o lo coges o lo dejas”.
Fuera de los sueldos de miseria y la mirada indolente de quienes ven en los miembros de la Asociación de Cronistas Deportivos a péndulos que desean acomodar a la necesidad de sus oscilaciones, está la barbaridad de que Juan Marichal y Tomás Troncoso tienen que “chuparse” esos peldaños para trabajar.
¿Dónde meteremos la cabeza si a uno de ellos, Dios lo libre, le pasa algo en ese infernal trayecto? ¿Qué diremos a nivel internacional? Y eso, que los homenajes al inmortal de Cooperstown abundan, como también es mucha la mitad de las intenciones de colocar su nombre en instalaciones.
Pero en lo que el hacha va y viene, agarren ahí.
Lo mismo expreso por Enrique “Tuto” Mota, Álex Vargas, Radhamés González, Braulio Marmolejos, Bienvenido Rojas, Roosvelt Comarazamy, Ildefonso Ureña, Carlos José Lugo, Kevin Cabral, Alexánder Gómez, Dionisio Soldevila, Vicente Mejía, Luis Soto, Mario Emilio Guerrero, Juan José Rodríguez, Billy Reynoso, Fernando Custodio, José Antonio Mena, Melvin José Bejarán, Satosky Terrero y Frank Castillo, entre otros, porque son personas.
Merecen respeto. No ese látigo de desprecio. Ni mucho menos lo que se vive con los ascensores del Estadio Quisqueya.
Apunte esto. Mark McGwire confirmó lo que todos sabíamos…Dio la cara con su asunto de los esteroides…Paran un juego en La Romana en el tercer episodio para mostrar el trofeo de los Yankees…Guacanagarix vive como nunca.
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