Mis 3 suegras
Lograr un éxito comercial es doblemente gratificante para aquellos que se aventuran en el teatro. Primero, porque quienes se involucran en el montaje de una obra, suelen tener grandísimas dificultades económicas que solo pueden solventar con representaciones a casa llena (y a veces, eso no es suficiente).
Segundo, porque un espaldarazo del público les permitirá a los artistas volver a intentarlo, ya que el teatro --la actuación, la dirección-- es su vida. En el sentido figurado de la palabra.
Precisamente porque es “un loco manso” y “ama el teatro como a sí mismo”, José Manuel Rodríguez, uno de los pocos actores jóvenes que tiene claro hacia dónde va y qué busca en el arte, se enfundó en esta comedia que los críticos conservadores y clásicos encasillan como un teatro light. ¿Despectivo, el término? Sin duda.
La ecuación tiene una connotación que indispone a un sector de la prensa especializada: figuras de la televisión + éxito en la taquilla = a teatro light. Que lo light aquí es asumido como una obra con pocas posibilidades artísticas, historias simplonas y actuaciones circunscritas en los inapreciables códigos extraídos de las cotidianas comedias de la televisión.
Pero vamos a Mis 3 suegras, un montaje que representa la obra número 100 en la carrera de Rodríguez, la cual debido a su apreciable éxito le ha dejado un dulce sabor a miel que no le permite pensar en otra cosa que no sea en la reposición, en la sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito, donde se estuvo presentando, o en Santiago, en La Vega, en Montecristi, donde quiera que haya un teatro que pueda asistir un público dispuesto a reírse hasta más no poder.
El argumento está sustentado en un texto de Hugo Daniel Marcos, una historia convencional en la que dos suegras arman un plan para convencer a una pareja (con una diferencia de edad de 15 años) para que se separen y emprendan un camino que los lleve a una relación más equilibrada en este aspecto.
El pretexto del guión que justifica esta puesta en escena está enraizado en la cotidianidad que vive una pareja con respecto a la suegra, situaciones típicas del machismo latinoamericano, el hombre que mantiene una relación con una mujer mucho más joven que él, pero que, en este caso, al fin y al cabo ambos disfrutan de una felicidad muy normal.
Quizás por esas características, el guión tiene diálogos muy ricos, que funcionan a la medida cuando se tiene como audiencia a un público que apuesta a la comedia como medio de evasión, con la única aspiración de pasar un buen rato, objetivo intrínsico de todo espectáculo teatral que aspira conectar con el público que paga por una taquilla de manera ocasional.
Y la sala Ravelo del Teatro Nacional es el escenario ideal para estos montajes. José Manuel Rodríguez desarrolla su historia en un decorado único (porque allí no se puede más), recreado en el apartamento de la pareja, donde convergen todos sus personajes.
Si bien es cierto que Mis 3 suegras aborda un tema principal (la intromisión de la suegra en una relación marital), hay otros aspectos que emanan de manera literal en el texto: el sexo, el dolor de una madre que ha perdido un hijo y las aspiraciones de una cinéfila que guarda la esperanza de algún día llegar a Hollywood, como poco.
Rodríguez, como hombre único que se ve rodeado de cuatro mujeres dispuestas a apabullarlo y reducirlo a la obediencia sentimental, se enrola en un personaje a través del cual nos convence de que mucho se aprende cuando se dejan detrás 99 obras durante muchos años de actuación.
Alimentado con carne del teatro cómico y aprovechando la experiencia que da la televisión para poder improvisar de acuerdo a la reacción del público, Rodríguez sobresale con un trabajo convincente y divertido.
Efectiva y creíble nos encontramos a Patricia Muñoz, una veterana que con su sola presencia sabe manejar favorablemente el sentido dramático de sus diálogos, con líneas que rebosan del ingenio pueblerino y la cotidianidad familiar.
Muñoz inyecta energía y entusiasmo, y cuando tiene de frente a Karla Hatton (más televisiva que teatral), asistimos a un duelo que requiere coordinación y puntualidad en las entradas y las salidas de los personajes, y este es un aspecto muy bien logrado que la da a la obra un ritmo favorable: ligero, divertido y ágil.
Más fortaleza y entrega necesita Evelyna Rodríguez, a quien vemos en la conducción de “Rica loquera fin de semana” (Antena Latina), que se esfuerza en convencernos de que muy dentro, lleva una vena por el que corre la sangre de la actuación. Plausible es, además, el trabajo de Jacqueline Estrella y el resultado final de esta comedia sin más pretensiones que la de hacernos pasar un buen rato divertido.
Mis 3 suegras. Producción y dirección: José Manuel Rodríguez. Autor: Hugo Daniel Marcos. nElenco: Evelyna Rodríguez, José Manuel Rodríguez, Patricia Muñoz, Jacqueline Estrella y Karla Hatton. Música: Rancés Richardson. nEscenografía: Carlos Ortega. nGénero: Comedia.
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