Lo de las intervenciones telefónicas en el país es ya algo casi antológico. Quienes han hecho del oficio de “pinchar” los teléfonos y escuchar conversaciones privadas su modus vivendi están en una especie de competencia entre sí, al extremo de que en tertulias y romerías ofrecen sus “servicios” como si se tratase de una actividad del todo legal. Políticos, empresarios, profesionales de diversas ramas del saber y militares de diversos rangos figuran en la relación de contratantes de escuchas telefónicas.
Hay ofertantes de estas acciones que son verdaderos íconos de la intervención telefónica en el país, pudiéndose decir que casi están para pensión en el oficio. Y los hay de reciente incorporación a la faena, que fanfarronean con sus ofertas de “conversaciones limpias, sin lluvias, entendibles”. Todo, eso sí, en un mundo fantasioso de anécdotas a los James Bond o propias de un guión para Misión Imposible.
Lástima que los oyentes tengan que oír tanta basura, en conversaciones de poco contenido, aunque se estén especializando también en “novelar” reportes, creando situaciones ficticias, tan sólo para justificar los pagos sustanciales que reciben por “pinchar” aquí, allá y acullá. Casi como me lo contaron lo cuento, como decía Cuchito…
Los palitos
Al presidente Hipólito Mejía le han caído los palitos por su pronunciamiento, fuera del guión, ante productores de la provincia Sánchez Ramírez, a quienes habría exhortado, según las reseñas de prensa, a no pagar sus deudas con el Banco Agrícola bajo la promesa de que se las condonaría si retornara a la jefatura del Estado.
Por más remiendos que han tratado de hacer a sus expresiones, por más corrección que se está planteando, por más denuncias de manipulación, lo cierto es que la proclama, evidentemente populista, ha sido un tiro que sale por la culata. Más trabajo para el equipo élite de bloqueo…
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