Aunque las autoridades del Instituto Agrario Dominicano pretenden negar que la institución le debe a las mil vírgenes y que es precaria la situación de su crédito, como hemos revelado en anteriores comentarios, las notificaciones y las intimaciones de pago, vía actos de alguacil, que están llegando a su sede central dicen todo lo contrario.
Además, según me cuentan desde adentro, en la consultoría jurídica del organismo están con el grito al cielo porque aunque han aconsejado a las máximas instancias de la entidad que se busquen acuerdos de pago con los acreedores, algunos en ocasiones con reclamos por sumas en verdad insignificantes, la dirección ha preferido el camino de la confrontación, pero la situación desborda la capacidad de su departamento legal, que carece de personal en número para disputas civiles o comerciales, ya que su especialidad es básicamente la inmobiliaria y/o catastral. Es que no es lo mismo desde la gobernación de San Juan que desde aquí en la capitarrrr, así como suena…
Lo indesmentible
El director del IAD, creo que le llaman Juan Rodríguez, queriendo cubrir su pálida gestión y su incapacidad gerencial para manejarse con acreedores y deudas, ha buscado escribanos irresponsables que se cubren en seudónimos por falta de personalidad y coraje para sustentar conceptos e ideas con su identidad real en procura de desmentir lo indesmentible en torno a las deudas del organismo, pero ni siquiera por vergüenza y honor partidario ha honrado el pago por la colocación en letras de bronce del nombre de Quilvio Cabrera en el edificio principal de la institución, tal como lo consignara un decreto del presidente Leonel Fernández, en un gesto que lo enaltece por reconocer a Cabrera, que pudo tener defecto(s) como todo humano, pero se ha reconocido que fue un profesional íntegro, humilde, servicial y entregado, pero sobre todo, leal a su partido, el PLD.
No puedo decir ni lo mismo ni lo contrario de ¿la gestión? del señor Rodríguez, creo –repito- que es ese el apellido del que trajeron de San Juan a la Plaza de la Bandera, porque nadie sabe si acaso ha hecho algo más que nombrar coterráneos en el tiempo que lleva ahí. De todas maneras, la historia lo juzgará cuando lo releven, sea hoy o sea mañana…
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