Gracias al auxilio de la alta tecnología, especialmente con el soporte que nos brindan la Internet y las redes de fibra óptica, ahora se han acortado las distancias.
Ayer, pocos minutos después de las 6 de la mañana, recibí una llamada telefónica de Andrés Van Der Horst desde Lisboa, y de mi conversación con el presidente del Partido Liberal La Estructura comprobé que, tal si estuviese aquí, desde la capital de Portugal mi compadre y amigo está al tanto de todo cuanto acontece en el patio, incluyendo los sazones adicionales que usualmente no se publican.
Andrés anda por esos lares en provecho de los contactos que ha hecho a través de la Internacional Liberal, varias de cuyas figuras destacadas están ejerciendo importantes funciones públicas por esas latitudes. Salud…
Un tercio
El presidente Hipólito Mejía es lo que, en buen y llano dominicano se denomina “un tercio”. En su rol de candidato a la Presidencia de la República nueva vez, se está “bufeando” a medio país y un chin más, asumiendo ahora un papel de conciliador intra y extra PRD que tiene asombrados hasta a sus propios parciales. Hacia adentro, se ha afanado por subsanar diferencias a diestra y siniestra, logrando ya la incorporación de muchos que estaban con Miguel Vargas Maldonado en la precampaña, con un “pasamanos” incesante, todo en procura de unificar el perredeísmo y posicionarse realmente bien en las simpatías de la gente.
Hacia afuera, ahora está concentrado en retraerse a los reconversos que dejaron el partido blanco en el fragor de las pasiones de las dos más recientes elecciones: las presidenciales, y las municipales y legislativas, dándoles inclusive posiciones de mando en los comandos de campaña, y aplacando a los rivales internos de estos para que soporten y asimilen su retorno sin mayores contratiempos, bajo la premisa de que “ahora lo que necesitamos es cohesión y unidad para llegar al poder”.
Entre los perredeístas, Hipólito es el más consciente de que necesita crecer sobre el techo de su partido y simpatías actuales, y aunque exhiba optimismo –como debe ser- está en la línea de trabajar esforzadamente en busca de la sonrisa del triunfo, en un permanente ¡venga gente, venga pueblo...!
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