Nuestros políticos, estén aquí o en cualquier otra latitud, no cesan de ver fantasmas en todo cuanto se publica sobre ellos que no les conviene o no es de su agrado. Personalmente, creo haber saludado en una oportunidad, con José Francisco Peña Gómez en vida, a Rafael Lantigua en Nueva York, pero me da ni fu ni fa lo que él haga o quiera hacer con su ¿carrera política?, la que es reconocida por mucha gente.
En consecuencia, no he tenido ni tengo razones para procurar hacerle daño, como alegremente le atribuyen haber afirmado, en su desmentido a la publicación que hice, al igual que otros periodistas, sobre su encuentro y saludo afectuoso de la pasada semana con Danilo Medina en el aeropuerto John F. Kennedy, de la urbe norteamericana.
De todas formas, circula en YouTube un video de Lantigua muy alegre en la Terminal conversando con dirigentes peledeístas que esperaban al precandidato, aunque confirmé en fuentes muy confiables que en verdad, él estaba buscando a un familiar que llegaría o llegó en el mismo vuelo que Danilo, procedente de Santo Domingo.
Quien alimentó las conjeturas fue el mismo Lantigua al ponerse de sabroso a decir en cámara a reporteros que estaban ahí también que aceptó la invitación que le hicieron algunos amigos peledeístas porque deseaba conocer al Titán de Bronce.
Lantigua fácilmente pudo despejar las dudas señalando que estaba ahí coincidencialmente, pero prefirió responder lo publicado diciendo que “esa publicación buscó hacerle daño” y procurando el descrédito de quienes hemos escrito sobre el acontecimiento, lo que lo pone en ridículo por restar calidades profesionales a quienes ni siquiera conoce o ha tratado.
Ahora bien, a nosotros, los comunicadores, está bueno que nos pase, por darle preeminencia a veces a quien(es) no califica(n) siquiera para ser mencionado(s) en espacios con niveles de lectoría para políticos de y con clase.
A mi correo electrónico han llegado varios mensajes con el desmentido, lo que es legítimo, pero ni Lantigua ni sus defensores tienen derecho a prejuzgar intenciones ni a descalificar a nadie por divulgar un hecho que sí se produjo. Son gajes del oficio que no pasan, sin embargo, de ser paja pá la garza. ¡¡¡Gran cosa!!!, diría un memo amigo mío…
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