Definitivamente, insisto en que cuando alguien se decida por narrar las cosas antológicas de la política criolla, tendrá que dedicar mucho tiempo y espacio si es que aspira a que la narración recoja con fidelidad ese lado del ejercicio político, al estilo dominicano.
Casi pienso en voz alta con estas reflexiones observando que cualquier asunto que debiera tomarse con cierta seriedad, aquí se torna en una chercha.
Si es el reclamo, extraña e indescriptiblemente tan bien coordinado y organizado, del 4% del PIB para la educación, hay que ver el negocito que hicieron quien(es) diseño(aron) los artículos promocionales utilizados en el montaje de “la protesta” del Día Amarillo; si es lanzando precandidaturas que a fin de cuentas serán bolas de humo para hacer bultos, ni hablar; si es por las bellaquerías de los que ponen a circular rumores por el internet para perjudicar a otros, eso es de películas al estilo de las que filman en Hollywood, Los Ángeles o Nueva York. Ahora el tema entre muchos bellacos que interactuan en la política es la operación de próstata a la que se sometió el presidente Hipólito Mejía.
A tono con el siempre buen humor del ex mandatario y aspirante de nuevo al “carguito”, es profusa la difusión de supuestas anécdotas y conversaciones de Hipólito sobre la cirugía, y de las caricaturas y chistes a costa de la intervención nada hay que decir que la imaginación no haya alcanzado. Es como si los que se dedican a eso no tuvieran otra cosa en la que emplear su tiempo…
De buen humor
A propósito, un amigo común me puso al habla telefónicamente con el presidente Mejía hace pocos días, y percibí que está “alebrecado”, de muy buen humor… Como siempre.
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