Ya quisieran muchos de los grupejos que aúpan el reclamo del 4 por ciento del PIB para la educación tener para sí la acogida que tiene esa petición en el sentimiento y las simpatías de la gente. No creo que nadie se oponga a lo que establece la ley de Educación en ese sentido, pero póngase cada cual a ver el comportamiento del Presupuesto del Gobierno en los últimos dos años, y fácil que se llega a la conclusión de que una cosa es querer y otra es poder. Opino que por eso, desde el Gobierno se dice y repite que “nadie está obligado a lo imposible”…
Intriga de todos
Si algo se está quedando en el ánimo de la colectividad con esto del 4 por ciento para la educación, es la gran intriga que surge del despliegue de recursos utilizados para “la protesta”, con una inversión cuantiosa en paraguas, gorras, franelas y otros utensilios promocionales, así como en la impresionante logística montada para colocar grupitos pequeños, de 2, 4 y hasta 8 o 10 personas con atuendos amarillos en puntos estratégicos, dando la impresión de que el movimiento es masivo y apabullante. ¿Quién(es) sufraga(n) esos gastos? Y ¿Con cuáles propósitos? Buscar la respuesta a estas preguntas, lo dejo de tarea para todos…
Come here
Otro de los lunares del movimiento es la obligatoriedad con que los principales colegios privados pusieron a sus alumnos a acudir a las aulas con vestimentas amarillas, so pena de castigarles en sus calificaciones, como suele pasar con los famosos paseos y visitas a sitios de interés, y como ocurrió cuando miles de estudiantes fueron conminados en esos mismos colegios, casi manus militari, para que piquetearan el Congreso Nacional cuando allí se debatían las reformas a la Constitución de la República y se quería “vender” la percepción de que las mayorías estaban opuestas a una modificación que tocaba el delicado tema del aborto.
En ese último caso, hubo el agravante de que colegios manejados por religiosas obligaron a los alumnos hasta a pagar cuotas para cubrir los costos de los autobuses en que fueron llevados a La Feria, como si fueran una manada de borregos. Así mismito…
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